El docente reclama que sea el MIR quien evalúe su capacidad

Dos son las cualidades que debe reunir todo tutor de residentes que se precie: la habilidad profesional y la capacidad docente. La primera se le presupone. La segunda está -o debería estar- sometida a un examen permanente, que el Decreto 183/2008 (o decreto formativo del residente) concreta en mecanismos periódicos de acreditación y reacreditación.
Los más de cien docentes de posgrado que estos días se han reunido en el VII Encuentro de Tutores y Jefes de Estudio que la Sociedad Española de Educación Médica (Sedem) ha organizado en Mahón (Menorca) coinciden en que el mejor baremo para calibrar su capacidad es preguntar directamente a los residentes, algo que no se suele hacer.
El decreto formativo prohíbe expresamente que el R1 firme altas, pero los tutores piden que este punto se aplique con una cierta flexibilidad
"La comisión de docencia de cada centro es el organismo competente para evaluar a tutores, jefes de estudio y colaboradores docentes, y el mecanismo más fiable para calibrar esas competencias es que pregunten al MIR. El juicio objetivo del residente es el mejor examen de la trayectoria y capacidad docente, y ahí se incluye todo, desde la dedicación y la habilidad para transmitir conocimientos hasta la empatía con ellos", afirma Fernando Pérez Iglesias, presidente de la Asociación de Redes Docentes y Asesoras (Areda).
Además de someterse al juicio sumarísimo del alumno, los tutores han coincidido en que la reacreditación docente, para ser verdaderamente efectiva, exige una cierta periodicidad: "Aquí ha habido un consenso claro -apunta Pérez Iglesias-. La evaluación del tutor debería hacerse con una periodicidad idéntica a la de la duración de la especialidad".
Y aún hay más. El documento de conclusiones que los docentes rubricaron después de tres días de debates califica de "antigualla claramente superada" a los mecanismos de acreditación basados en baremos tradicionales: cuantificables y presuntamente objetivos.
"Además de criterios más o menos medibles, hay un currículum oculto que no se puede cuantificar, pero que es tanto o más importante que el tradicional: la capacidad de trabajo en equipo, los principios éticos del docente, su entrega y dedicación, su habilidad para interactuar con el MIR y comunicarse con el paciente...".
Flexibilidad racionalLa asunción progresiva de responsabilidad por parte del MIR también ha sido objeto de debate en Mahón, y aquí ha habido una lectura crítica del decreto formativo del MIR, que prohíbe expresamente al R1 firmar altas e informes clínicos. Aunque inicialmente algunos tutores abogaron por pedir al Ministerio de Sanidad que retirase del articulado esa prohibición, finalmente se ha llegado a una fórmula de consenso: aplicar el sentido común para no llegar a situaciones absurdas.
Pérez Iglesias lo explica: "Hemos pasado de la absoluta falta de control que había antes del decreto en algunos servicios, donde la labor del MIR no era supervisada por nadie, a una excesiva rigidez. La estricta aplicación de la norma puede llevar a que un R1 de Urgencias, por ejemplo, no cosa una brecha a un paciente porque no le puede dar de alta. Por eso abogamos por una flexibilidad racional".

TIEMPO MUY BIEN TASADO... Y ALGO DE DINERO
Como no podía ser menos en una reunión de tutores, jefes de estudio y colaboradores docentes, el reconocimiento oficial de su labor ha sobrevolado por todas las mesas, encuentros y talleres de Mahón. Además de la ya clásica reivindicación para que su labor docente compute como mérito en la carrera profesional y en los baremos de las OPE, tienen muy clara una cosa: si la Administración no les concede un tiempo diario para cumplir con sus obligaciones docentes, mal podrán llevarlas a cabo con garantías. Para que no haya dudas, el documento de conclusiones del encuentro ha tasado ese tiempo: necesitan al menos un 10 por ciento de su jornada diaria para dedicarse única y exclusivamente a tareas docentes. Es decir, de 35 horas semanales al menos 3,5 serán sólo para que el tutor ejerza como tal.Con respecto al reconocimiento económico (otra reclamación tan clásica como desatendida), los tutores dicen ser conscientes de las dificultades de la actual coyuntura, pero se han atrevido a lanzar una propuesta: se conformarían con que les pagaran un 20 por ciento de su retribución básica por este concepto.

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